Reseña: Gojira – L’Enfant Sauvage

El mundo no necesita *otra* reseña más de el nuevo álbum de una de las bandas más reconocidas de los últimos años, pero considerando que han sido uno de mis grupos predilectos desde que me topé con From Mars to Sirius, no sería un buen fan si no dedicara unas palabras y pensamientos a este que será probablemente uno de los discos más mencionados dentro del metal en este año.

Si alguien decidiera dar un premio a la ética laboral de bandas de Metal, Gojira tal vez sería uno de los primeros en ganárselo. Con un ritmo frenético desde que hace 4 años lanzaron The Way of All Flesh, estos franceses han recorrido el mundo en fecha tras fecha , ya sea cubriendo eventos en locales medianos o pequeños en diversas localidades de Norteamérica y Europa, o siendo uno de los múltiples abridores para las multitudinarias presentaciones de Metallica en algunos de los escenarios y estadios más grandes del planeta. Han estado también en múltiples y prestigiosos festivales como Bloodstock y Wacken en diferentes años, con una posición bastante alta en los carteles, y aún no encuentro ningún reporte que indique que hayan hecho algún trabajo chapucero o decepcionante en ninguna de estas presentaciones y las alabanzas han sido casi unánimes en su fuerza, tecnicalidad y consistencia en todas sus presentaciones en vivo que han sido reseñadas o comentadas al paso.

Inmediatamente después de decidir tomar un descanso de las giras y presentaciones en vivo, cerrando así el exitosísimo ciclo de The Way of All Flesh, que les valió un contrato con la relativamente popular Roadrunner, esta banda decide ingresar casi de inmediato al estudio y grabar un EP en apoyo a la organización Sea Shepard, lo cual no es de extrañar considerando el fuerte mensaje pro-ambientalista de casi todos sus trabajos previos. Y prácticamente de manera paralela, comenzó su trabajo para este nuevo material que cargaba con las muy altas expectativas de varios nuevos miles de seguidores que se han ido acumulando en estos intensos años de exhaustivo trabajo en sus giras.

Cabe decir, que es casi seguro que muchas de estas expectativas se han visto cumplidas para muchos, realmente no pasan demasiados instantes después de oír los primeros acordes de este álbum para darse cuenta que se está escuchando una nueva obra de Gojira. Esto puede ser tanto una ventaja como una desventaja. Si bien hay una diversificación notable en estilo, con melodías un poco mas prominentes y tiempos un tanto menos frenéticos y más estudiados, la estructura básica de sus composiciones se mantiene considerablemente estable. En especial la férrea adherencia a crear un intrincado trabajo rítmico y una notable ausencia de solos, que contribuye mucho a su característica firma sónica que evoca poderosas maquinarias al estilo de un Meshuggah mucho más vital y orgánico, de alguna manera.

Como continuación a The Way of All Flesh, éste nuevo álbum proyecta una atípica mesura y control, un tanto seguro, sin embargo Gojira es capaz de mantener una gran emocionalidad en sus composiciones que hace que su música suene tan amenazadora como de costumbre. Definitivamente no es seguro de tocar en la sala de espera de un hospital, pero no estaría fuera de lugar imaginar unos cuantos nuevos conversos si es reproducido de manera incidental en público.

El control de L’Enfant Sauvage es un tanto contradictorio con el concepto del disco, pero es notablemente derivado de una espectacular confianza que los hermanos Duplantier han desarrollado en sus propias habilidades de composición. Sin desviarse demasiado de la fórmula que les ha dado tánto éxito hasta la fecha, Gojira logra sonar nuevamente fresco y libre de restricciones artísticas, ya sean autoimpuestas o por las expectativas de terceros, y afortunadament el álbum brilla mucho por esa razón.

Gojira sin embargo podría estar llegando a una meseta creativa. Tonos, acordes y efectos son decididamente particulares y muy propios de su personalidad musical, y es bastante loable lo novedoso que han logrado sonar en este disco con esos mismos tonos, acordes y efectos que rememoran prácticamente todos los discos previos de su carrera, pero obligan a preguntar que tanto más jugo podrían lograr exprimirle a este mismo montaje en producciones por venir.

Hoy por hoy, a pesar de estas preguntas, L’Enfant Sauvage es un ejemplo de solidez y consistencia musical que pocos grupos pueden producir. En este año ya he tenido mi buena parte de decepciones musicales con bandas que admiro bastante, es tranquilizador que una de ellas aún tenga mucho que desmotrar artísticamente, y si continúan con esta misma consistencia no me extrañaría que eventualmente se coloquen en una posición única dentro del metal, satisfaciendo a conocedores y escuchas casuales por igual con esa impactante mezcla de ferocidad y refinamiento que pocos son capaces de dominar como estos franceses.