Opeth – Heritage Tour (Circo Volador, México D.F., marzo 24 y 25 del 2012)

Advertencia: La siguiente pared de texto es un relato bastante extenso de mi experiencia personal en ambas fechas. Si desean una lectura más ligera pueden ir al sitio hermano Beattales, en donde publiqué otra reseña y las canciones que tocaron en ambas fechas.

De los grupos que tienen un significado especial en mi historia musical, Opeth tal vez tiene el lugar más alto en la lista. Su música fue esencial, más que la de ningún otro grupo, para atraerme de nuevo a escuchar Metal en su conjunto. Dentro del underground, tal vez sea una de las bandas más accesibles con su estilo inconfundible que mezcla elementos muy melódicos y estructuras musicales propias del rock progresivo con el áspero Death Metal. Una combinación que parece de algún modo impropia pero que Opeth ha hecho funcionar múltiples veces durante su larga carrera.

Por otro lado, Heritage, que es el álbum al que le han dado soporte con esta gira, es particularmente complejo de reseñar. De hecho me he resistido a hacerlo ya que siento que no puedo ser completamente objetivo debido a mi aprecio por todo el trabajo de Opeth. Por un lado, si uno lo ve como fanático del Metal, a primera vista Heritage carece de casi todos los elementos que lo podrían definir como tal, es más un disco de composiciones mixtas que tiran más hacia el rock progresivo y otras influencias que han forjado el sonido de Opeth en el pasado (el mismo nombre del mismo es una confirmación de esta apreciación). Por el otro, la atmósfera del disco conserva bastante del estilo de Opeth, tanto que de hecho afecta la apreciación del disco como un simple disco de rock progresivo, es un trabajo muy personal de Åkerfeldt y cada pista refleja esto.

La gira que están realizado en soporte de este álbum ha visto un poco reflejada la confusión que Heritage ha provocado en algunos de los fans de Opeth. El hecho de que más de la mitad del setlist sea usada para exhibir algunas de las canciones más relajadas de su catálogo tampoco ha ayudado a defender su causa. Pero a pesar de ello, no se puede negar que siguen siendo algunas de sus mejores canciones, y también de las más populares.

Desde su anterior visita a México quedé muy satisfecho con su presentación en vivo. Aún cuando había visto  sus DVD’s como el Roundhouse Tapes, la experiencia de estar en el local es imposible de sentir a través de una pantalla. La experiencia de estar compartiendo el momento con un público mexicano es igualmente irrepetible. Y desde el aspecto técnico (es una de las bandas que mejor suena en el Circo Volador) hasta el puramente emocional, fue un evento que se ha quedado como uno de los mejores conciertos a los que he asistido en mi vida. El asistir de nuevo a verlos en esta gira fue una decisión simple. Desde el año pasado sabía que tenía que asistir a ambas fechas, así que hice mis planes para cumplir con este objetivo.

La primera fecha en un principio parecía repetición de la gira pasada, una larga fila de asistentes ansiosos por entrar al recinto auguraba un buen ambiente. Si el controvertido Heritage había disminuido su popularidad en el país, realmente no se notaba por la excitación que se veía en los ojos de los asistentes. La espera no fue tan larga ni pesada, la organización se notó un poco tensa y deseosa de mantener cierto control, pero al menos no nos mantuvieron horas a la intemperie y la revisión a la entrada fue rápida y relativamente eficiente.

Adentro se notaba un ambiente tenso, los que ya nos habíamos evitado el factor sorpresa, nos enteramos por internet del setlist con suficiente anticipación, práctica que tal vez aún no está muy extendida en nuestro país, esperando tal vez que alguno de estos días los grupos nos sorprendan con improvisación. Por supuesto que en cualquier show en vivo cabe cierta medida de improvisación, pero como Akerfeldt mismo dijo en la segunda fecha “Nosotros no tocamos peticiones, a menos que sea la siguiente canción del setlist“. Los que aún no sabían que esperar, y los que esperaban un concierto con una mayoría de canciones “pesadas” seguramente serían mayoría en el público de esta primera fecha.

Cuando comenzaron con las canciones con las que han abierto en casi toda esta gira, que son The Devil’s Orchard y I Feel the Dark, la sensación fue tal vez un poco chocante para esta mayoría, las dos son canciones nuevas, pero a pesar de ese primer shock, el público reaccionó de manera muy favorable, emocionados de cualquier manera de ver a Opeth, tal vez por primera ocasión para algunos de ellos, y pude recordar precisamente mi experiencia en aquel no tan lejano 29 de marzo de 2009, y no pude evitar que me embargara la misma emoción.

Al comenzar I Feel the Dark no pude evitar escuchar gente preguntándose si acaso tocarían el Heritage completo. Hubiera calmado sus temores, pero estaba un poco más ocupado embelesándome por la impecable interpretación en vivo de esta melódica entrega, que una vez más exhibía la gran aptitud de su ingeniero de sonido en lograr hacer sonar de manera excelente al grupo en ese recinto, que desafortunadamente me ha tocado ver algunos shows que han deslucido más de lo que deberían por un sonido atroz.

Face of Melinda sería la siguiente canción, que prendió la emoción del público un poco más. Definitivamente fue coreada un poco más fuerte que las dos anteriores, es una canción que ha sido tocada pocas veces en sus visitas anteriores, así que puedo imaginar que fue bastante emocionante para muchos poder experimentarla en vivo por primera vez, como fué mi caso. La reacción del público gritando al ritmo de la segunda parte de esta canción fue impresionante, incluso se notaba la emoción en algunos miembros de la banda por la calidez del público mexicano.

Cuando Mikael “Piñata González” Åkerfeldt comenzó a hablar de la siguiente canción preguntó a quienes les gustaba el rock, cuando la mayoría del público contestó afirmativamente, preguntó por grupos como Led Zeppelin, Deep Purple y Pink Floyd. “¿O acaso solo les gusta el METAL?” preguntó cuando la respuesta fue un poco más tibia. Habló entonces del legendario Ronnie James Dio, al que llegó a conocer y tratar, y mencionó como era una de las personas más agradables dentro del mundo de la música, y de lo mucho que lo admiraba, considerándolo el mejor vocalista de todos los tiempos en el metal y el rock. La siguiente canción Slither sería su intento de hacer una canción del estilo de su legendaria banda Rainbow, progresiva y psicodélica. Para mí fue un gusto oirla en vivo ya que creo que al ser una de las canciones que menos suenan como Opeth del nuevo disco es uan de las más interesantes de su nuevo repertorio, y no me decepciono con su fuerza e impacto en vivo y estoy seguro que convenció a muchos escépticos de Heritage con ella.

Siguiendo con su catálogo menos “agresivo”, tocaron Credence, a pesar de la emoción del público, fue de nuevo impresionante ver como se esforzaban por silenciarse y controlarse durante las partes mas minimalistas de la canción. No es común para mí presenciar esta reverencia en las ocasiones que he asistido al Circo, y debo admitir que fue casi tan impresionante como los momentos de mayor escándalo. Como la ovación que siguió cuando terminaron de tocarla.

Ningún set de Opeth podría considerarse completo si no incluyeran al menos una canción de su exitosísimo álbum Damnation, y creo que sería aún más sacrilegio en un setlist que incluye sus composiciones más tranquilas y melódicas. En esta fecha usaron To Rid The Disease, que de nuevo vio al público entrar casi en un estado de trance y veneración durante casi toda su duración.

Akerfeldt siguió aplicando su bono de carisma con el público, hablando un poco de su natal Suecia, recordando su juventud, como atravesaba junto con su grupo de grindcore y sus instrumentos algún bosque para practicar en alguna destartalada bodega durante 15 minutos y no ser sorprendidos por haberse robado la llave. Practicando los clásicos junto con ABBA… claro que esto pone en duda toda la veracidad y fidelidad de sus recuerdos, pero no del sentido del humor tan particular de “Piñata González”. Por supuesto, en honor a la particular música tradicional de su país, interpretaron a continuación Folklore, que sería la última canción del nuevo disco que tocarían en la noche, y con la cual cerraron la sección más introspectiva del concierto, para a continuación dedicarse a sus canciones mas clásicas.

La primera sería la siempre impactante Heir Apparent, probablemente una de sus composiciones más agresivas de casi todo su repertorio, y una de las que más impresiona ver ejecutada en vivo, en mi particular opinión es una gran exhibición de talento de Axe en la batería, y de Åkerfeldt y Åkesson en las guitarras, y también me hizo recordar la apertura del concierto del 2009, con la misma canción.

El pequeño solo de intro de The Grand Conjuration sería suficiente para continuar enloqueciendo al público, su inconfundible firma daría paso a uno de los mas potentes riffs de su catálogo. Pocas veces he visto que la mayoría del público intente interpretar las partes guturales, lo cual demostraba el entusiasmo que tenía el público para estos momentos.

Åkerfeldt comenzaría a despedirse al presentar la siguiente canción, el público por supuesto pedía más. Con una banda con el catálogo de Opeth, más de 20 años de carrera, 10 álbumes, algunos de ellos casi universalmente aclamados como entre los mejores trabajos de metal de este nuevo milenio, es casi imposible sentirse satisfecho con dos horas. Sin embargo, con precisión casi cronometrada, nos acercábamos a ese límite. Los primeros acordes de The Drapery Falls de nuevo provocarían un rugido de aprobación del público, la canción sería acompañada casi en su totalidad por el público, con una inspirada interpretación de la banda en respuesta.

Al salir la banda del escenario el ruido era casi ensordecedor, los gritos pidiendo el regreso de la banda no dejaban duda que todos estaban encantados con el espectáculo y necesitaban algo más, aunque fuera sólo para completar esas dos horas. Y sin mucha tardanza, Opeth tomo de nuevo sus instrumentos. Los agradecimientos de Åkerfeldt y los gestos de aprobación del resto de la banda hacia el siempre entregado público mexicano demostraban lo genuinamente conmovidos que se encontraban. Para finalizar una noche perfecta lo harían con Deliverance, la misma con la que cerraron en la primera fecha del 2009, y no hay más que decir que fue uno de varios momentos en los que sentí que el piso entero se movía por el entusiasmo del público.

Con una gran ejecución de su técnico de luces y una sincronización casi perfecta con los riffs y golpes de batería de este clásico cerraron una noche que se uniría al casi mágico recuerdo de la primera ocasión que los ví en vivo. Tal vez contrario a lo que nos diría la letra, por esta noche al menos,  la liberación no se reiría de nosotros, y la encontraríamos junto a una de las mejores bandas de metal en la actualidad.

La segunda fecha era un poco una incógnita, la banda había confirmado que tocaría un setlist diferente, sin entrar en detalles. Para mí era lógico imaginar que muchas de las canciones se repetirían, ya que eran las que más habían ensayado en fechas recientes, es un poco iluso desear que toquen un setlist totalmente distinto con canciones que no hayan ensayado recientemente, pero esperaba algunas sorpresas que compensarían totalmente la sensación de éxtasis que aún sentía de la noche anterior.

Como imaginaba, la asistencia fue menor, pero aceptable, la parte inferior del recinto, que se encuentra sin butacas, estaba ocupada como a un 90% de su capacidad, solo unos pocos decidieron usar la parte con butacas. El ambiente se sentía un poco diferente, o a lo mejor sólo era yo mismo proyectando mi propia ansiedad e incertidumbre.

Cuando se empezaron a oír los primeros acordes que anunciaban el inicio del concierto, la ansiedad dio paso a la excitación y la emoción contagiadas por el resto del público, el escándalo por un lado era menor, al ser menos gente, pero el entusiasmo de alguna manera se sentía más fuerte. Opeth comenzó igual, The Devil’s Orchard y I Feel the Dark volvieron a impactarme con su fuerza en vivo, las versiones de estudio tal vez se beneficiaron con la producción tan detallada, pero de alguna manera, al oírlas de nuevo en disco no puedo evitar sentir que palidecen y se sienten estériles en comparación con sus versiones en vivo. La calidez de la respuesta del público en ambos días al nuevo material parecen respaldar mi teoría. O tal vez al resto de los asistentes realmente les gusto bastante Heritage.

Watershed fue también en su momento un disco un tanto controversial. Pero si hay una canción de ese disco que le agrade a la mayoría de los fans de Opeth, se trata de Burden, canción que también tocaron en el 2009 en la segunda fecha en México, y que no había sido parte común de sus presentaciones en vivo. Si hay una canción que se esté volviendo clásica para el público mexicano, esa dedicatoria tan especial que Opeth le ofrece con esta canción la está volviendo favorita para mí.

Åkerfeldt se tomo un tiempo para hablar de la reacción del público alrededor del mundo hacia Heritage, que no paraban de decir “¿WTF, donde quedo el METAL, hombre?”, que para la mayoría, el sonido de bandas ochenteras como Judas Priest no les parecía metal. “Tal vez sólo soy yo, soy viejo”. Demuestra mucho la presión a la que el publico puede someter a una banda que ha estado tanto tiempo en los escenarios como Opeth. Por un lado, pedimos material nuevo, pero por el otro, esperamos y a veces exigimos que no sea demasiado diferente para nuestro “educado” paladar. Son expectativas casi imposibles de cumplir. Pocos grupos pueden darse el lujo de reinventarse constantemente. Opeth, con una producción sorprendentemente constante durante sus mas de 20 años de carrera parece ser de esos grupos a los que la experimentación será criticada más duramente que a otros.

Afortunadamente, nada de esto parece haber afectado a Åkerfeldt demasiado. Su amor por la música y su gusto tan ecléctico, y su admiración por personajes como Dio se mantienen intactos, y es esa honestidad la que el público siente en sus presentaciones en vivo, y que agradece y responde tan cálidamente a nuevas canciones como viejas. De nuevo Slither fue recibida favorablemente, si bien el público no la coreó tanto como otras, suficientes cabezas y brazos se agitaron al ritmo de esta canción.

Harvest y Windowpane son tal vez algunas de sus canciones más queridas alrededor del mundo. Forman parte de los que muchos consideran sus mejores discos, el Blackwater Park y el Damnation respectivamente, así que cuando Åkerfeldt le pidió al público corearlas si lo deseaban, no fue una petición difícil de cumplir para casi todos.

The Lines in my Hand y Floklore serían las últimas canciones que tocarían del Heritage, The Drapery Falls, The Grand Conjuration y Deliverance serían interpreadas con la misma pasión que el día anterior, y el público respondió como acostumbrado. Para el encore de esta segunda fecha el grupo escogió otra canción del Watershed, sustituyendo a Heir Apparent del día anterior, decidieron tocar The Lotus Eater en su lugar. Cerrando así otro espectáculo  perfecto.

Un vertiginoso y singular fin de semana llegaba a su fin, era alucinante haber experimentado de nuevo como cinco personas de la lejana Suecia habían enloquecido a miles de mexicanos. A pesar de que una de ellas es un genio, como el mismo lo admitió entre risas, pero con muchas miradas y movimientos de aprobación a esta afirmación. Es casi seguro que Opeth jamás logrará la popularidad de bandas que pueden llenar constantemente recintos como el Palacio de los Deportes, el Foro Sol o el Estadio Azteca, pero a aquellos a los que logra conmover con su música, lo logra con una intensidad y fuerza que tal vez jamás sientan ninguna de estas bandas. Y el tiempo que se tarden en volver se sentirá como una eternidad para mí al menos.